11.5.11

SI SE TE PIERDE EL ALMA EN UN DESCUIDO

¿Qué hace esa india Huichola que ésta por parir? Ella recuerda. Recuerda intensamente la noche de amor de donde viene el niño que va a nacer. Piensa en eso con toda la fuerza de su memoria y su alegría. Así el cuerpo se abre, feliz de la felicidad que tuvo, y entonces nace el buen huichol, que será digno de aquel goce que lo hizo.

Un buen huichol cuida su alma, su alumbrosa fuerza de vida, pero bien sabe que el alma es más pequeña que una hormiga y más sueva que un susurro, una cosa de nada, un airecito, y en cualquier descuido se puede perder.

Un muchacho tropieza y rueda sierra abajo y el alma se desprende y cae en la rodada, atada como estaba nomás que por hilo de seda de araña. Entonces el joven huichol se aturde, se enferma. Balbuceando llama al guardián de los cantos sagrados, el sacerdote hechicero.

¿Qué busca ese viejo indio escarbando la sierra? Recorre el rastro por donde el enfermo anduvo. Sube, muy en silencio, por entre las rocas filosas, explorando los ramajes, hoja por hoja, y bajo las piedritas. ¿Dónde se cayó la vida? ¿Dónde quedó asustada? Marcha lento y con los oídos muy abiertos, porque las almas perdidas lloran y a veces silban como la brisa.

Cuando encuentra el alma errante, el sacerdote hechicero la levanta en la punta de una pluma, la envuelve en un minúsculo copo de algodón y dentro de una cañita hueca la lleva de vuelta a su dueño, que no morirá.

De Memoria del fuego: las caras y las máscaras, de Eduardo Galeano

http://salvemoswirikuta.blogspot.com/

9.5.11

“Maldita sea la exitosa dictadura del miedo, que nos obliga a creer que la realidad es intocable y que la solidaridad es una enfermedad mortal, porque el prójimo es siempre una amenaza y nunca una promesa”. E. Galeano

15.3.11

El derecho de soñar

9.1.11

SALVAVIDAS DE PLOMO

Según la voz de mando, nuestros países deben creer en la libertad de comercio (aunque no exista), honrar la deuda (aunque sea deshonrosa), atraer inversiones (aunque sean indignas) y entrar al mundo (aunque sea por la puerta de servicio).

Entrar al mundo: el mundo es el mercado. El mercado mundial, donde se compran países. Nada de nuevo. América latina nació para obedecerlo, cuando el mercado mundial todavía no se llamaba así, y mal que bien seguimos atados al deber de obediencia.

Esta triste rutina de los siglos empezó con el oro y la plata y siguió con el azúcar, el tabaco, el guano, el salitre, el cobre, el estaño, el caucho, el cacao, la banana, el café, el petróleo... ¿Qué nos dejaron esos esplendores? Nos dejaron sin herencia ni querencia. Jardines convertidos en desiertos, campos abandonados, montañas agujereadas, aguas podridas, largas caravanas de infelices condenados a la muerte temprana, vacíos palacios donde deambulan los fantasmas...

Ahora es el turno de la soja transgénica y de la celulosa. Y otra vez se repite la historia de las glorias fugaces, que al son de sus trompetas nos anuncian desdichas largas.

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12.10.10

12 de octubre, el "descubrimiento" de América y la historia oficial... Caras y caretas


12 de octubre, el "descubrimiento" de América y la historia oficial... Caras y caretas

por Eduardo Galeano





foto: rebelion.org


¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él la
descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no
existían?
Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer
hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí
vivían, ¿eran ciegos?
¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al
tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés,
Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?
Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del
Mayflower fueron a poblar América. ¿América estaba vacía?
Como Colón no entendía lo que decían, creyó que no sabían hablar.
Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada,
creyó que no eran gentes de razón.
Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de
atrás, creyó que eran indios de la India.
Después, durante su segundo viaje, el almirante dictó un acta
estableciendo que Cuba era parte del Asia.
El documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia de que los
tripulantes de sus tres naves lo reconocían así; y a quien dijera lo contrario se
le darían cien azotes, se le cobraría una pena de diez mil maravedíes y
se le cortaría la lengua.
El notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe.
Y al pie firmaron los marinos que sabían firmar.
Los conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían
lo que veían, sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad
del oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron a los
americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente.
Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre
y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las
mujeres tenían rabos.
En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en
los hombros y la boca en el pecho.
En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan
grandes que las arrastraban por los suelos.
En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los
pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro
Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de
sus flechas.
Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca
estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos,
como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse
en asientos con agujeros.
El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias
francesas. Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos
azotaban a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones.
Eran conmovedoras las leyes de Indias, que protegían a los indios en
las colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca
clavadas en el centro de cada Plaza Mayor.
Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en
vísperas del asalto a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al
mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por
sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de
Castilla de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o
pagar tributo en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la
guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos.
Pero este Requerimiento de obediencia se leía en el monte, en plena noche,
en lengua castellana y sin intérprete, en presencia del notario y de
ningún indio, porque los indios dormían, a algunas leguas de distancia, y no
tenían la menor idea de lo que se les venía encima.
Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza.
Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la raza, además de una
mentira útil para exprimir y exterminar al prójimo?
En el año 1942, cuando Estados Unidos entró en la guerra mundial, la
Cruz Roja de ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus
bancos de plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la
cama, se hiciera por inyección.
¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?
Después, el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro.
¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de
hoy, encuentros? ¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones?
Quizás el episodio más revelador de la historia de América ocurrió en
el año 1563, en Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios,
sin agua ni comida, pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a rendirse. Desde
la empalizada, gritó:
-¡Nosotros seremos cada vez más!
-¿Con qué mujeres? -preguntó el jefe indio.
-Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros
amos.
Los invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más
caníbal era el Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para
alimentar el desarrollo capitalista de Europa.
Y los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza es sagrada
y que somos hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces.
Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan
brutos eran los indios que ignoraban que debían exigir visa, certificado de
buena conducta y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado,
Pizarro y los peregrinos del Mayflower.

2.10.10

"El olvido es la única muerte que mata de verdad." E.G.